Elegí ser mujer;
Pude ser cualquier cosa, pero elegí ser mujer
aunque esa elección fuera la más complicada.
Escogí esta puerta de invierno cerrada a cal y canto,
y encendí mil hogueras para propiciar el deshielo.
Busqué algún resquicio
por donde penetraran la luz y la palabra.
Antes que yo, lo hicieron otras,
y otras nuevas vendrán para seguirnos.
Llegarán para atar
Los cabos sueltos que dejamos.
Un día no sonarán las sirenas del miedo
y descontaremos los tiempos que no fuimos visibles,
que no tuvimos lengua, ni urgencia, ni dinero.
Ya no somos aquellas,
que sólo eran mutismo entre las sombras,
devoradas por la inexistencia y el tedio.
Aún nos matan, sí, los monstruos de la noche.
Aún los calendarios se marcan
con la sangre de unas y los demonios que anidan en los cuerpos sin alma.
Aún quedan resquicios del pasado,
pero ahora todos saben, que ya nunca seremos
Las de antes, sumisos, silenciosas y serviles.
Ya no podrán callarnos, por mucha leña al fuego que nos echen.
Inma Diez
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