
No supe en qué momento
esa voz indiscreta
empezó a devorarme.
Fue suave al principio
susurro vacilante,
trenzándose en mi pelo.
Fue como un velo gris
cubriéndome de niebla
espeso y lapidario.
No supe en qué momento
la música cesó,
se paró el calendario.
Se instaló la rutina
nutrida de nosotros,
amante codiciosa.
No supe en qué momento
me fuiste tan ajeno
como un desconocido.
Un día nos miramos
desnudos de lamentos,
vestidos de vacíos,
y juntos escuchamos
un réquiem de campanas
meciéndose en el viento.
Gracias Leila. Saludos!!!!
ResponderEliminar¡Me encantó! se siente como una melodía... gracias.
ResponderEliminarGracias a ti, Rosa Torres. Saludos!!!
ResponderEliminarRealmente muy bueno. Gracias por tu poesía. :)
ResponderEliminarGracias a ti, por pasarte, Luis Roche. Saludos!!!
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