Hay palabras,
que antes de nacer van al silencio
que las cubre de musgo y de presagios
y habitan para siempre en el vacío.
Hay miradas,
que hablan de dolor y sortilegios
de renuncia, de abismos y de miedo
de huracanes uniendo su destino.
Hay manos,
que a veces se entrelazan sin tocarse
que se pierden uniendo las distancias
que se encuentran en un tiempo sin tiempo.
Hay bocas,
que en otras vidas ya se conocieron
que se mueren de frío y de deseo
porque aún se recuerdan y se buscan.
Hay almas,
que alguna vez llegaron a fundirse
y que se reconocen en su vuelo
aunque ya no compartan horizonte.
Hay noches,
en que la luna sale y las acuna
y se exploran despacio, suavemente
gozosas del milagro de encontrarse.
Hay veces,
que sobran las palabras y las manos
que bastan dos miradas y la luna
y el silencioso anhelo de alcanzarse.